Hace algunos meses escribía sobre
mi viaje al DF (“Aprendizajes”, Septiembre 2011) y realmente no esperaba que en
tan poco tiempo estuviera escribiendo otra vez sobre este tema. Y ahora estoy aquí escribiendo estas líneas. Debo reconocer
que este viaje siempre me causa angustia con algo de anticipación y me llegaban
algunas ideas para escribir.
Este es un nuevo buceo en cavernas,
que como también he escrito, no es lo mio, pero en esta ocasión la tengo que
realizar, pero vengo mejor preparado para hacerla, aunque el estar preparado no
implica que realmente lo quiera hacer.
Además de lo preparado, traigo a
mi mejor instructor, a mi Chiquitín, y ya empezamos con las lecciones y los
aprendizajes. Entiendo que para él también es su “buceo en caverna” y le cuesta
mucho trabajo, aunque tenga varias inmersiones de este tipo en su corta edad.
El día de hoy, empezando las “inmersiones”
de mi Chiquitín, la primera lección fue cuando le sacaron una muestra de sangre,
que le tiene pavor, le estaba dando mucha angustia pero al momento preciso, me
empezó a recitar todas las luchas de los Jedi de Star Wars, y automáticamente
se cambió el “chip” y se le olvidó que le estaban sacando sangre. Esa práctica
la habíamos hecho anteriormente, pero a mi se me había olvidado.
Es un hecho que a ninguno de los
dos nos gustan estos “buceos” pero cada vez aprendemos y sacamos lo mejor de
ellos. Comparto con ustedes estas líneas como parte de que todos los días podemos
aprender o recordar algo, que hay grandes maestros sin que importe mucho la
edad. Que simplemente tengamos la capacidad de dejarnos guiar y enseñar.
